Entrevista con Lorenzo Silva, en Interviú


Feliz coincidencia. Hace 48 horas comencé a leer La estrategia del agua –a la venta el 4 de marzo–, la nueva novela de Lorenzo Silva, buen amigo y sensacional escritor. Y mañana, lunes, publico en Interviú la entrevista que le hice hace un tiempo. Elegí un lugar poco original, pero muy adecuado para la ocasión, para que Guillermo Navarro hiciese las fotos: el museo que la Guardia Civil tiene en el edificio de la Dirección General. Allí, ente uniformes de todas las épocas, armas y dioramas, estuvimos charlando una hora. Una pequeña parte de esa conversación es lo que publico mañana. Después de la entrevista, seguimos charlando, paseando…
Y es que, para mí, conversar con Lorenzo es una experiencia siempre enriquecedora. Aquel día hablamos de literatura negra y criminal –por supuesto–, de periodismo, de la guerra en Afganistán y en Irak, de la Guardia Civil… Uno no se cansa nunca de charlar con él. Gracias a aquella conversación, leí Mc Mafia, compré el primer libro de La trilogía negra de Estocolmo de Jens Lapidus… Y es que gracias a Lorenzo Silva muchos descubrieron, por ejemplo, a Stieg Larsson o a Maj Sjowall y Per Wahloo…
Pero, por encima de todo, Lorenzo Silva es un tipo generoso. Hace ya bastantes años, cuando él seguía compatibilizando la literatura con el ejercicio de la abogacía, me cité con él en un bar. Había leído sus primeros libros protagonizados por Chamorro y Bevilacqua, su pareja de guardias civiles, y una novela que me fascinó, La flaqueza del bolchevique. Yo llevaba debajo del brazo el manuscrito de nuestro primer libro, Así son, así matan. Avergonzado, casi como un crío, se lo entregué y le dije que nos encantaría que lo prologase.
En unas dos semanas me entregó mi manuscrito –con unas cuantas erratas corregidas– y su prólogo. Fue una de las mayores alegrías que me ha proporcionado este oficio: ese prólogo y la posibilidad de conocer a Lorenzo. Gracias, una vez más.

Ponencia en el XI Congreso de Periodismo Digital


El próximo 11 de marzo participaré en una ponencia del XI Congreso de Periodismo Digital que se celebrará en Huesca. Bajo el título Sucesos: una especie en extinción (así, sin interrogaciones), Mayka Navarro, Jesús Duva y yo debatiremos sobre nuestra especialidad, moderados por Jaime Armengol, director de El Periódico de Aragón.
Sentarme en una mesa a debatir sobre la información de sucesos con Jesús –mucho más para mí que un maestro– y con Mayka –una de las mejores reporteras del gremio–, dos representantes de medios tan importantes como El País y El Periódico, es todo un lujo. Si además, la cita es en un foro como el Congreso de Periodismo Digital de Huesca –convertido desde hace años en referencia para todos los que tenemos algo que ver con los medios–, no me queda más remedio que agradecer a su organización su invitación y prepararme a disfrutar del Congreso y de la ponencia. Allí os espero.

Madrid bajos fondos, nuevo blog de sucesos


Doy desde aquí la bienvenida a un blog sobre información de sucesos que se ha puesto en marcha hace unos días en elmundo.es. Los responsables de Madrid bajos fondos son los dos titulares de la cartera de sucesos en el periódico, Pablo Herráiz y Luis Fernando Durán, dos buenos reporteros de un género que, si gente como ellos y otros pocos no lo evitan, está en peligro de extinción.

Me alegra saber que el medio de comunicación líder en Internet en España se preocupa de los sucesos y da cabida en su web a la información más pura y más difícil que hay en el periodismo. Bravo por los responsables de la web –Fernando Baeta y Fernando Mas– y por los dos compañeros, Pablo y Luisfer. Enhorabuena y aquí os dejo enlazados en este humilde blog.

Autocrítica


Al leer la noticia me indigné, se me revolvieron las tripas e incluso estuve a punto de escribir aquí una entrada para contar que este tipo de asesinatos hacían tambalear las convicciones de cualquiera. Esta mañana, su rostro ha sido portada de ABC, precisamente el periódico con la mejor sección de sucesos de España. Pero cadenas de televisión, otros diarios… Todos los medios han mostrado el rostro de Diego, el hombre que ayer había torturado, quemado, golpeado y asesinado a una niña de tres años, hija de su novia. Probablemente, los agentes que participaron en su detención y en su traslado al juzgado también hicieron lo posible para enseñar el rostro del que ayer era, desde luego, una bestia digna de escarnio en la plaza pública.
Pues bien, hoy nos hemos enterado de que el juez encargado del caso le ha puesto en libertad sin cargos: la pequeña no murió a consecuencia de los golpes del hombre cuyo rostro conoce toda España, sino que sus heridas son compatibles con una caída.
¿Qué ha pasado? ¿Quién ha fallado? ¿Quién habló el primero de quemaduras? ¿Y de malos tratos continuos? ¿Y hasta de abusos sexuales? ¿Cómo es posible que la información haya dado un giro de 360 grados en 24 horas? No puedo dar respuesta a ninguna de estas preguntas, pero lo que está claro es que todos hemos fallado. No soy amigo de ese oscurantismo por el que sólo se pueden dar iniciales de los detenidos y jamás enseñar su rostro, pero de ahí a lo ocurrido aquí hay un trecho enorme. He publicado en infinidad de ocasiones fotografías de pederastas, de delincuentes sexuales… Sin cargo de conciencia y sin esperar a que sean juzgados, así que yo también habría publicado la foto que aparece en la portada de ABC. Así que, desde luego, habría fallado y ahora tendría que pedir perdón. Como, de hecho, lo hago. Los periodistas nos equivocamos tanto o más que cualquier otro, pero solemos tener menos capacidad de autorcrítica. Y en esta ocasión es imprescindible.

Periodismo de investigación de verdad


Acabo de regresar de Estados Unidos, concretamente de Florida. Como siempre que voy hasta allí, no puedo evitar un sentimiento de melancolía y envidia al leer los periódicos estadounidenses. Me resulta sorprendente el escaso egocentrismo que se gastan por allí los periodistas en comparación con, por ejemplo, los españoles. La prueba está, sin ir más lejos, en las pocas páginas de opinión que tienen los diarios norteamericanos. Tan sólo un puñado de artículos y un editorial. El resto, información pura y dura.
Otra de las cosas que me sorprenden y que envidio de la prensa norteamericana es la sencillez con la que cuentan hasta las historias más enrevesadas. Un buen ejemplo de ello lo tuve hace poco, al leer Crónicas de sucesos, una recopilación de noticias y reportajes de Michel Connelly, el creador de Harry Bosch, que antes de exitoso escritor fue reportero de sucesos. Sus crónicas son sensacionales por lo desnudas y claras que resultan. Porque allí se piensa en el lector al escribir, no en la competencia o en el político al que tenemos que dar gusto a cambio de la filtración.
Y, por supuesto, periodismo de investigación es lo que se hace allí. Y en otros lugares, por supuesto. Como en Alemania. Acabo de leer que la televisión alemana ZDF y el diario The New York Times han realizado un trabajo de investigación conjunto para desvelar que el criminal nazi más buscado del mundo, Aribert Heim, estuvo refugiado y murió en Egipto en los años 90, tras convertirse al islam. Apasionante. Según leo, el trabajo contiene documentos del propio doctor, entrevistas con uno de sus hijos, que reconoce haberle visitado en el país africano… Es decir, un trabajo de investigación serio, riguroso, minucioso… Aquí, a cualquier filtración interesada o al trabajo de una agencia de detectives adquirido –previo pago– por un medio, le llaman periodismo de investigación. O lo que es peor: periodismo de investigación se asocia en España con las nefastas cámaras ocultas, que tanto daño han hecho a la credibilidad de la prensa. Espero ver emitido en España el reportaje de la ZDF. Apuesto a que no hay una sola imagen grabada con cámara oculta.

Periodismo de investigación y cámaras ocultas


La casualidad ha querido que en apenas unas horas se hayan producido dos noticias de cariz muy distinto, pero que me han dado pie a una reflexión que quiero compartir aquí con los que se asoman a este espacio. Ayer, el Tribunal Supremo anunció su primera condena por la grabación de un reportaje con cámara oculta. Y horas después llegaba la noticia de la muerte de Mark Felt, la garganta profunda de Bob Woodward, uno de los periodistas que acabaron con la carrera de Richard Nixon por el escándalo Watergate.
El Alto Tribunal condena a El Mundo Televisión y a Canal 9 por la grabación y emisión de un reportaje sobre una naturópata, la demandante. La mujer pedía 75 millones de pesetas, pero el Tribunal Supremo ha decidido que bastarán 30.000 euros para reparar el daño. Según el fallo, el reportaje constituyó una intromisión ilegítima en la esfera de la intimidad de las personas que no está amparada por el derecho a comunicar libremente información. Muy distinto este argumento del que esgrimió la Audiencia de Valencia para desestimar en primera instancia la demanda. El fallo de esta sala decía que la filmación con cámara oculta se enmarcaba ”dentro del denominado periodismo de investigación”.
Hace un par de años, Luis Rendueles y yo dimos una clase en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense bajo el título ”Periodismo de investigación”. Lo primero que dijimos a nuestra audiencia es que no creíamos en la existencia del periodismo de investigación. Hay buen y mal periodismo. No hay periodismo de investigación y periodismo de no investigación. La muerte de Mark Felt devolverá a las páginas de los periódicos el caso Watergate de forma fugaz. El trabajo de Woodward, Bernstein, Bradlee y todo el Washington Post en aquel caso fue un ejemplo de magnífico periodismo. Garganta profunda iba orientando a Woodward sobre las fuentes que tenía que tocar, las pistas que tenía que seguir y los reporteros olían esos rastros como sabuesos.
Eso es buen periodismo. En España, periodismo de investigación se llama, por ejemplo, a la filtración interesada por grupos políticos o económicos de determinados dossieres o informes a periodistas afines. O a la recogida de declaraciones de un tipo, en el mejor de los casos en busca y captura y en el peor, condenado a unos cuantos años de prisión, que se dedica a poner el marcha su ventilador para ensuciar todo lo que puede. Y, por supuesto, periodismo de investigación se ha llamado al infame subgénero de emplear una cámara oculta para obtener testimonios, provocar delitos o cualquier otra tropelía.
El mérito de un periodista es que alguien te cuente algo a sabiendas de lo que eres y de lo que vas a hacer con esa información. El mérito de un periodista es mantener durante años una fuente de información sin traicionarla, cuidándola y apretándola en la medida justa. El mérito de un periodista es rastrear las pistas sobre las que te ponen esas fuentes sin comprometerlas. Todo eso es periodismo. No de investigación, sino buen periodismo. Las cámaras ocultas son una bazofia ajena a este oficio y por ello creo que el fallo del Tribunal Supremo es reconfortante para esta profesión, al menos para los que nos dedicamos a este profesión con métodos convencionales.

Lugares poco recomendables para ser periodista


Estos días hemos leído dos noticias en las que dos periodistas son tristemente protagonistas: el comienzo del juicio por la muerte de Anna Politovskaya, la periodista rusa asesinada en 2006 por unos sicarios y las confidencias de un pentito en las que revelaba un plan de la Camorra para matar a Roberto Saviano.
La periodista rusa era crítica con el régimen de Putin y había denunciado las tropelías, los excesos y las infiltración de las organizaciones mafiosas en el régimen del zar. Eso le costó la vida. Saviano, al que tuve ocasión de conocer y entrevistar cuando estuvo en España promocionando su libro, ha hecho temblar los cimientos de la poderosa mafia napolitana, la Camorra, con su libro Gomorra. Los Casalesi, una de las familias más fuertes de Nápoles, le han sentenciado a muerte y el joven escritor y periodista lleva dos años viviendo protegido las 24 horas del día.

No he podido evitar pensar en que Rusia y Nápoles deben ser dos sitios muy poco recomendables para ejercer de forma libre y seria mi profesión. Tan poco recomendables como Colombia, México y otros tantos países en los que el mero ejercicio del periodismo es garantía de estar en el punto de mira de gobiernos corruptos, mafiosos y delincuentes de toda índole. Y no he podido evitar pensar en algunos compañeros que en España gustan de lucir escolta allí donde van. A excepción de los compañeros amenazados por ETA, que los ha habido –pero que son muchos menos de los que dicen haber sido amenazados–, España es un país en el que los periodistas podemos ejercer el periodismo sin mirar atrás a cada paso que damos.

Than you, Mr. Connelly


Guardo con cariño en mi biblioteca una novela de Michael Connelly firmada por el autor norteamericano, creador del detective Harry Bosch. «From one police reporter to another», me escribió en un ejemplar de Luna funesta. Lo hizo tras una entrevista que le hice hace unos años para Interviú. Era un tipo simpático, que me habló, por encima de todo, de periodismo, de periodismo de sucesos, el campo del que procede Connelly. Y hablaba del reporterismo de sucesos con mucho cariño. Hoy, Aurora Intxausti publica una entrevista en El País una entrevista con Michael Connelly. Y vuelve a hablar acerca del periodismo de sucesos, tras advertir de la falta de rigor en la que está cayendo el ejercicio de esta profesión, especialmente en la televisión:
«El periodista de sucesos debe incitar a reflexionar sobre lo que ocurre en la sociedad. Es el periodismo más noble. Mi meta ha sido siempre llegar más allá, buscar mis propios caminos, tratar de alcanzar la mayor calidad posible en las informaciones con un punto de vista siempre diferente. Buscar los detalles, eso es lo importante, porque en una investigación el error más nimio puede provocar terribles consecuencias. Falta debate y eso es algo que percibes en cuanto lees la prensa.».
Una vez más, gracias, thank you Mr. Connelly.

Gracias, Fernando Olmeda

Fue nuestro jefe –uno de los más cabales que hemos tenido–, es nuestro amigo y ha sido el primero en darnos la bienvenida a este gran espacio, que es la red. El blog de Fernando Olmeda, escritor y periodista, ha sido el primer lugar en el que se ha mencionado esta página que estáis leyendo. Y también el primero en el que podéis leer algo sobre nuestro libro, ‘Una historia del 11-M que no va a gustar a nadie’. Gracias, Fernando, por tu bienvenida, por tus palabras sobre el libro y por tu lealtad durante todos estos años.