Pala en mano

Captura de pantalla 2013-06-12 a la(s) 23.47.09 Antonio del Castillo lleva más de cuatro años queriendo enterrar a su hija Marta. Sabe que murió asesinada. Sabe quién o quiénes la mataron, quién o quiénes hicieron desaparecer su cadáver, pero no tiene un lugar al que llevarle flores. Hoy hemos visto al padre de Marta pala en mano, en la finca La Majaloba, removiendo la tierra, hombro a hombro con los policías que están haciendo lo posible y lo imposible para cerrar para siempre el caso.
La imagen de Antonio del Castillo intentando desenterrar el cuerpo que aún no ha podido enterrar es la imagen del fracaso de un sistema. No es momento de repetir todos los desastres de los primeros momentos de la investigación, los fallos de la instrucción, la desidia de la fiscalía, la incomprensión de los jueces, el hecho de que haya dos sentencias contradictorias, la calaña moral de Caracaño y toda la pandilla basura… Es el momento, al ver la imagen del padre de Marta pala en mano, de reflexionar y de pensar que esta vez el sistema no ha respondido, ha fallado. Y ha fallado con las víctimas, precisamente con quien nunca debe fallar.

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El insoportable dolor de la familia de Marta del Castillo

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Los padres de Marta del Castillo son víctimas. Probablemente son las víctimas más víctimas de cuantas he conocido en estos años de ejercicio. Hace más de cuatro años que les arrebataron a su hija Marta y desde entonces, una pandilla de niñatos no ha hecho otra cosa que jugar con su dolor de manera repugnante, con el único objetivo, primero, de salir lo mejor parados posibles y ahora, de ajustar cuentas. Y como víctimas que son, están en todo su derecho de decir lo que les dé la gana. Antonio del Castillo publicó ayer un comunicado en el que le pregunta al juez si ya no está interesado en conocer la verdad. Él y Eva Casanueva, su mujer, se habían aferrado a la nueva versión de Miguel Carcaño como a un clavo ardiendo. Querían creer que Francisco Javier Delgado había matado a su hija y que estaba enterrada en La Rinconada. Insisto, como víctimas que son, están en su derecho de creer y de decir lo que les venga en gana. Sobre todo en un país que se caracteriza por el penoso trato que se da a las víctimas, ya sea de crímenes o de accidentes como el del metro de Valencia, un paradigma perfecto de lo que se puede esperar de las autoridades políticas en estos casos.
En el crimen de Marta del Castillo muchos no hicieron bien su trabajo desde las primeras horas. La policía gestionó mal esos primeros momentos, claves en cualquier pesquisa. Las rencillas entre la Brigada de Policía Judicial de Sevilla y la Comisaría General provocaron agujeros que luego no se pudieron tapar. La Fiscalía y la acusación particular cometieron errores de bulto durante los procesos, sobre todo en el de El Cuco. Esos errores fueron abriendo aún más la herida de la familia de Marta, que no ha dejado de sangrar y a la que el juez echó sal el pasado viernes con el auto que archivaba la supuesta implicación de Javier Delgado en el crimen. En un auto un tanto sobreactuado, el juez Francisco de Asís Molina repartía estopa a diestro y siniestro, especialmente a la policía. Sorprendente que el primer varapalo a la policía llegue cuando, precisamente, están haciendo todo lo posible por encontrar el cuerpo de Marta y cerrar esa herida. El magistrado abroncaba a la policía por haber dado crédito a la nueva versión de Carcaño y, eso sí, les decía que busquen por su cuenta el cuerpo de la víctima. Estoy seguro de que los agentes de Sevilla no cejarán en ese empeño.
No sé si había demasiada base para creer a Carcaño. Aunque lo cierto es que el fiscal no se tomó ni una molestia por comprobarlo –el interrogatorio a Delgado no llega ni siquiera a la categoría de trámite– pero lo cierto es que Miguel Carcaño es un tipo que fue capaz de decir que había violado a Marta con el único propósito de evitar a un jurado. Y esa versión fue la que se creyó y recogió en su apartado de hechos probados la acusación particular, es decir, la familia de Marta. La misma familia que ha querido creer que Marta murió por defender a Carcaño. Y que creerá cualquier cosa en la que vean la posibilidad de paliar el insoportable dolor que arrastran desde hace cuatro años.

Caso Marta del Castillo: el peor de los supuestos

El juicio por el asesinato de Marta del Castillo va tomando el peor de los rumbos posibles. A medida que pasan los días y van escuchándose testimonios en la Audiencia de Sevilla, va cobrando fuerza el temor expresado desde hace tiempo por los familiares de Marta y reforzado la semana pasada, con la ratificación de la sentencia de El Cuco –tres años por encubrimiento–, un fallo tan enrevesado como populista: reconoce el sinsentido de juzgar dos veces el mismo hecho criminal y hace un brindis al sol condenando al menor y a su familia a pagar las costas de la búsqueda de Marta. Pensemos por un momento que a los condenados por narcotráfico se les obligue a pagar el coste de la patrullera que asalta su barco cargado de cocaína en alta mar o las dietas de los Geos que abordan su nave. ¿Absurdo, verdad? Pues algo muy parecido es lo que ha hecho la Audiencia de Sevilla, sumando un despropósito más a una lista ya demasiado larga.
Precisamente, esta mañana ha pasado por la Audiencia de Sevilla uno de los personajes centrales de este caso, Francisco Javier García Marín, El Cuco, para añadir más dolor a la familia de la víctima y más confusión a un procedimiento casi maldito. Yo pensaba que El Cuco iba a tener un perfil bajo en su declaración. Pensaba que, sabedor de que lo peor para él ya ha pasado con la ridícula condena con la que se saldó su participación en los hechos, iba a estar discreto. Yo, como tantas otras veces, estaba equivocado: El Cuco, como todo el mundo en este asunto, ha querido tener hoy su minuto de gloria y que los focos le apuntasen a él y a su ridícula melena. Ha negado su testimonio inicial, en el que admitía haber visto el cadáver de Marta en casa de Miguel y haber ayudado a hacerlo desaparecer. Ha dicho que esa versión, que es la que recoge el apartado de hechos probados de la sentencia que le condena, la dio en sede policial, presionado… Otra retahíla de mentiras coronadas por el titular puesto en bandeja para todos los medios: “Si quieren saber dónde está el cadáver de Marta, pregunten a Miguel.”
Poco se podía esperar de un tipo de la catadura moral de El Cuco. Como poco se puede esperar de Carcaño, de Samuel y de toda esa pandilla basura que está muy cerca de salir airosa de algo tan grave como un asesinato. Porque creo que hay que prepararse para el peor de los supuestos, para que este juicio termine en condenas mínimas. Y es que lo cierto es que hay muy poca materia para poder condenar a nadie. Que todos los implicados en el caso –y no hablo de los que se sientan en el banquillo– hagan examen de conciencia y comprueben qué parte de su trabajo no hicieron bien para que el caso Marta del Castillo se convierta en uno de los mayores fracasos de nuestro sistema policial y judicial. La Fiscalía es uno de esos implicados, cuyo representante hoy también ha querido tener su minuto de gloria acorralando a El Cuco y sobreactuando con quien hoy no era más que un testigo. La misma Fiscalía fue la que durante el procedimiento en el que El Cuco era el acusado, olvidó llamar a declarar a Miguel Carcaño, haciendo posible así que el menor solo fuese condenado por encubrimiento, porque nadie le acusó de otras cosa.

El caso de Córdoba no es el caso Marta del Castillo


El pasado viernes, el padre de Marta del Castillo, presa de una más que razonable desazón al conocer la ratificación de la sentencia de El Cuco –tres años por encubrimiento…– dio una rueda de prensa en la que manifestó su temor a que la desaparición de Ruth y José Bretón, los dos niños de Córdoba, se convirtiese en un caso como el de su hija.
Los padres de Marta del Castillo tienen sobrados motivos para estar indignados, descorazonados y para que desconfíen de las instituciones policiales y judiciales de nuestro país. La muerte de su hija va camino de convertirse en uno de los mayores fracasos de nuestro sistema: unos cuantos niñatos están a punto de salir casi indemnes de un execrable crimen, sin ni siquiera tener la humanidad suficiente para revelar el paradero del cuerpo de la chica asesinada. Y saben bien que esa baza –el hecho de que no haya un cadáver, siempre principal prueba de cargo de un homicidio– es la que les va beneficiar en su condena. Pero sería injusto obviar que El Cuco ha sido condenado a una pena tan ridícula, entre otras cosas porque ni el fiscal ni la acusación particular se acordaron de que había que citar a declarar a Miguel Carcaño en el procedimiento contra el menor luego condenado. Y su testimonio habría sido fundamental para obtener una condena por homicidio, asesinato o violación contra El Cuco.
Los padres de Marta tienen razones para arremeter contra el sistema, pero es injusto hacer el paralelismo que hicieron con el caso de Córdoba. Muy pocas horas después de la citada rueda de prensa, el juez enviaba a prisión incondicional sin fianza a José Bretón, el padre de los niños y principal sospechoso de la desaparición de los pequeños. No ha hecho falta que los críos apareciesen para que el juez haya dictado una resolución tan contundente. A Miguel Carcaño se le detuvo más de dos semanas después de la desaparición de Marta. Pero, además, en aquellas pesquisas participaron varias plantillas policiales, que, lejos de colaborar, perdieron mucho tiempo en ataques de celos y disputas absurdas. Ahora, los agentes de la UDEV Central se han hecho cargo de las pesquisas bajo un mando único y los agentes de Homicidios han seguido una única línea de actuación, al margen de que cuenten con la colaboración de la plantilla de la comisaría de Córdoba.
José Bretón está en prisión, gracias al trabajo hecho por la policía, que ha puesto de manifiesto las incongruencias y las lagunas del testimonio del principal sospechoso. Cualquier intento para que revele el paradero de los pequeños ha sido, hasta el momento, inútil. Bretón se ha cerrado en banda y ha aguantado la presión antes, durante y después de su detención. Ahora, con él en prisión y los medios lejos de Córdoba, la policía seguirá trabajando para que el caso tenga un final muy distinto al de Marta del Castillo. Seguro.

La sentencia de ‘El Cuco’, en Territorio Negro


No he querido valorar la primera sentencia del caso Marta del Castillo hasta que no la he leído con tranquilidad y he podido analizarla. El pasado jueves, las partes personadas en el procedimiento contra El Cuco y la mayoría de la prensa clamaron contra el fallo, que condenaba a tres años de internamiento al menor por un delito de encubrimiento, una pena que puede parecer irrisoria por la gravedad de los hechos, pero que, a la vista de la detenida lectura de la sentencia, era casi la única posible.
En el Territorio Negro (Onda Cero, martes, 17.40) de mañana, martes, analizaremos con detalle la sentencia y aquí podréis leer lo que contaremos en el programa, pero anticipo que el juez ha hecho su trabajo, algo que no puede decirse del fiscal. En la sentencia, el juez de menores reprende de manera muy dura al representante del Ministerio Públco por una razón: basa toda su acusación contra El Cuco en el testimonio prestado por Miguel Carcaño el 17 de marzo de 2009 ante el juez que instruye el procedimiento en el que Miguel es el principal acusado. En esa versión, Carcaño dijo que El Cuco y él violaron y mataron a Marta. La acusación y el fiscal basaron sus escritos de conclusiones en este relato. Por eso, acusaron al menor de asesinato y agresión sexual, cuando en el resto de las versiones de Carcaño, el papel de El Cuco se limitaba a ayudar a deshacerse del cuerpo de la joven. Sin embargo, el juez le recuerda al fiscal en la sentencia algo que debería saber: ese testimonio de Carcaño se hizo sin la presencia de la defensa del menor y, por tanto, no puede tener valor probatorio en este proceso. Pero es que, además, el juez le dice al fiscal que tuvo más de un año para solicitar la declaración de Carcaño en el procedimiento contra El Cuco y no lo hizo. Es una negligencia enorme del Ministerio Público, así que todos esos que claman contra la Justicia, contra el juez, contra la Ley del Menor, que, de momento, miren a la Fiscalía.
La sentencia deja entrever otros fallos y omisiones, tanto del fiscal como de la acusación particular, y deja clara una cosa: El Cuco es un ser deleznable, que ha sido incapaz de sentir la más mínima compasión ante el dolor de la familia de Marta y sigue empeñado en negarse a ayudar a localizar el cuerpo de la víctima, cuyo paradero conoce, casi con seguridad. Sin embargo, eso, que puede ser socialmente reprochable, no es un delito. Al menor se le condena por encubrimiento por ayudar a ocultar el cadáver, no por no revelar dónde está.

Mientras los focos apuntan hacia Sevilla


Todos los focos apuntarán mañana hacia Sevilla. Allí será juzgado a puerta cerrada El Cuco, el menor presuntamente implicado en el asesinato y la desaparición de Marta del Castillo. Los programas de televisión –entre los que estará Espejo Público, en el que yo colaboro– harán conexiones en directo con los juzgados sevillanos, repetirán una y mil veces la petición a la que se enfrenta el menor –un máximo de seis años de internamiento– y sus cámaras buscarán una imagen y una palabra de los padres de Marta del Castillo, la joven desaparecida haca ya dos años.
Pero aunque mañana nadie o casi nadie hablará de ello, mientras todos los focos apunten a Sevilla, unos cuantos guardias civiles seguirán empeñados en encontrar al asesino de Esther Jiménez, la niña de trece años asesinada en Arriate (Málaga); en la Comandancia de Madrid, el Grupo de Homicidios de la Guardia Civil revisará cada cuadrante de los mapas con los que trabajan buscando el cuerpo de María Piedad, la mujer asesinada por su novio tras una cena de empresa hace más de un mes y cuyo paradero se llevó el asesino al suicidarse; en las dependencias de la UDEV Central, en Madrid, varios policías revisarán paso a paso los pasos dados para encontrar al responsable de la desaparición de Sara Morales, la joven de Canarias de la que nada se sabe desde el año 2006…
Podría continua hasta aburrir al más persistente en la lectura. El caso Marta del Castillo es una bandera, un nuevo símbolo que estos días servirá para poner en cuestión la Ley del Menor, pero para los que trabajan día a día en la lucha contra el crimen es un caso más. De hecho, es un caso mal resuelto, un mal ejemplo de investigación, de inspección ocular y, sobre todo, de la falta de comunicación entre la policía y la familia de la víctima. Muchos aprendieron de los errores de ese caso. Los que no aprendimos, desde luego, fuimos los periodistas. Ya lo veréis mañana.

La testigo estrella


Fue la estrella de los platós en los primeros días de lo que hoy se ha convertido en un deprimente culebrón. La novia de Miguel Carcaño, la menor que compartía cama con el asesino de Marta del Castillo, apareció en Tele 5 y dio el que fue presentado como el testimonio más esperado del caso, la clave de todas las incógnitas que rodeaban el asesinato… La comparecencia de la menor le costó a la cadena privada un varapalo judicial y muchas críticas –algunas de ellas hechas por colegas con los colmillos afilados, deseosos de haber sido ellos los que hubiesen contado con ese testimonio–, entre otras la mía. Lo dije hace un par de días en el Congreso de Periodismo Digital: las televisiones han convertido la información de sucesos en un espectáculo, en puro entretenimiento. El testimonio de la novia de Carcaño no tenía ni tiene ningún valor periodístico. Ayer se quitó la careta y me dio la razón: “Mentí a la policía y le puedo mentir a cualquiera”, dijo en los juzgados. Si tiene ese desparpajo delante de un juez, imaginad la cantidad de basura y de mentiras que debió contar en sus intervenciones televisivas. Aunque estoy seguro que a los artífices de su comparecencia en los platós de Tele 5 les da absolutamente igual. El espectáculo debe continuar…