Lo que queda de la operación Galgo


Hace unas cuantas semanas, cuando el estallido de la operación Galgo estaba aún reciente, lo contábamos en Interviú y en este blog: las pruebas acumuladas durante la fase de investigación contra Marta Domínguez no parecían justificar una actuación como la que llevó a cabo la UCO de la Guardia Civil y la jueza encargada del caso. Se registró la casa y se leyeron los derechos de la mejor atleta española de todos los tiempos. Para echar ese órdago, yo pensaba que hacía falta algo más que interpretar que cuando se habla de pendientes realmente se está hablando de una sustancia que ni siquiera se sabe aún si está prohibida o no, el AMTH2 encontrado en poder de César Pérez, el entrenador de Marta Domínguez.
Hemos pasado las últimas semanas leyendo con detenimiento los más de treinta tomos del sumario y hemos publicado en Interviú varios reportajes sobre el tema. Publicamos, por ejemplo, que las investigaciones de la Guardia Civil dejan en muy mal lugar a Nuria Fernández, la campeona de Europa de 1.500 metros. El propio Manuel Pascua Piqueras, su entrenador, reconoció a la Guardia Civil que en su casa guardaba el plan de dopaje de Nuria y el de otros atletas, como Reyes Estévez –los reproducimos en Interviú–. Éste, como contamos en el último número de Interviú, tuvo que pasar por el hospital a consecuencia de las secuelas que presuntamente le dejaron los tratamientos de dopaje elaborados por Eufemiano Fuentes y prescritos por Pascua.
La lectura del sumario nos ha servido también para corroborar la poca consistencia del las pruebas contra la campeona palentina y su entrenador, “el supuesto camello de Eufemiano Fuentes”, como calificó a César Pérez, el ex entrenador de Marta Domínguez, Mariano Díez La Guardia Civil ha comprobado que Eufemiano y César se conocieron… en los calabozos de la T4 de Barajas, cuando los dos estaban detenidos. Y es que éste es uno de los problemas de la operación. Un vistazo a las diligencias sirve para comprobar que todas las investigaciones arrancan del testimonio del ex preparador de la campeona. Hasta ese testimonio, lo único en lo que se basan la Guardia Civil y la jueza para abrir diligencias es en “informaciones del mundillo del atletismo” o “noticias de Internet”. Muy poca cosa. Díez acusó a César, a Marta, a Pascua, a Eufemiano… Y hasta a Odriozola, el presidente de la Federación de Atletismo, del que dijo que consentía que Marta y otros atletas se dopasen.
Durante seis meses, la Guardia Civil trabajó duro en busca de pruebas. Grabó una reunión en la que varios atletas, entre ellos Nuria y Reyes, le daban dinero a Yolanda Fuentes; escuchó a todos los investigados durante cientos de horas; comprobó que Alberto León seguía haciendo el trabajo más sucio de Eufemiano… Pero también se cercioró de que Marta Domínguez nada tenía que ver con el doctor Fuentes, ni con Pascua. Ni un solo contacto, ni una sola llamada entre ellos.
Pese a que se le ha separado de la trama principal, Marta sigue imputada: se le acusa de suministrar trembolona a Alberto García, basándose en un testimonio del que el propio fondista –al que pillaron con su nevera rellena de doping– se retractó después, y en dar sustancias prohibidas a su liebre, que ni siquiera es profesional. Sustancias que, según la Agencia Antidopaje, solo están prohibidas en competición. Además, la campeona está acusada de un delito contra la Hacienda pública por ocultar al fisco dinero en Andorra y en Mónaco.
Y eso es todo lo que hay contra el principal objetivo de la operación Galgo. Muy poco para exponer bajo los focos y bajo la sospecha de las trampas a Marta Domínguez, mucho más que una atleta.

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Reflexiones antes de empezar el año


Para mí, como para casi todo el mundo, al año comienza ahora, con el final de las vacaciones de verano. Los anuncios de coleccionables en la televisión y los folletos de ‘Vuelta al cole’ que me han buzoneado en los últimos días no dejan lugar a dudas. Antes de comenzar la temporada –en Interviú, en Antena 3, en Onda Cero, en Caracol Miami y en el colegio Liceo Europeo–, quiero compartir con vosotros unas cuentas reflexiones sobre noticias de las últimas semanas y esta imagen del atardecer en la playa de la Barrosa (Chiclana, Cádiz), tomada el último día de mi estancia allí.
WIKILEAKS Y EL PERIODISMO. Leo hoy este reportaje en El País acerca de Wikileaks, la web que ha difundido en la red miles de documentos confidenciales sobre las guerras en Irak y Afganistán. Lo he dicho aquí alguna vez y lo repito: Wikileaks no hace periodismo, se limita a publicar documentos sin contextualizarlo y sin criterio periodístico alguno. Es decir, la misma importancia le da a un papel sin ninguna trascendencia –una comunicación rutinaria–, que a un informe jugoso que a un documento que puede poner en peligro la vida de una persona.
Yo, como tantos otros reporteros, manejo muchas veces sumarios judiciales, diligencias policiales, informes de todo tipo. Antes de publicarlos, hacemos un trabajo periodístico: leemos con atención, desmenuzamos, seleccionamos lo importante, desechamos lo que pueda causar un daño o un perjuicio innecesario –y me refiero a aparentes nimiedades como números de teléfono, de DNI o direcciones particulares–, es decir, pasamos esos documentos por el tamiz del periodismo, algo que ni de lejos hace Wikileaks. Es cierto que hay veces que no hace ninguna falta: cuando la misma web publicó las imágenes de la matanza perpetrada desde unos helicópteros norteamericanos, aplaudí su difusión.
Sé que Wikileaks cuenta con el aplauso de muchas colegas, precisamente ahora, cuando en España se habla de la tan ansiada ley de transparencia informativa, pero soy de los escépticos en torno a fenómenos como éste, igual que lo soy respecto a cosas como el llamado periodismo ciudadano. El periodismo debe ser hecho por profesionales, por periodistas. Otra de la cosas que me hacen desconfiar de Wikileaks es su opacidad, que contrasta con la transparencia que exige a todos. Nada se sabe de su financiación y en cada uno de los países en los que opera lo hace bajo una apariencia jurídica distinta.
Sigo creyendo en el periodismo, en el buen periodismo, al margen del soporte en el que se desarrolle. Creo que los buenos reporteros sobrevivirán a Wikileaks, al periodismo ciudadano y hasta a los propietarios de los medios de comunicación.

EL DÍA QUE CONOCÍ A CARLOS MENDO. Buen periodismo era el que hacía Carlos Mendo, fallecido hace unas semanas. Empecé a seguirle cuando era corresponsal de El País en Reino Unido y Estados Unidos. En los últimos años, le escuchaba de vez en cuando en Hora 25 y esperaba casi con devoción que sus artículos apareciesen en las páginas de internacional de El País, un diario al que los textos de Mendo enriquecían de una manera muy especial. Sus artículos sobre las elecciones norteamericanas, sobre las guerras de Irak y Afganistán o sobre los recientes comicios en Reino Unido eran un dechado de conocimiento de la historia y las instituciones y una deliciosa y continua toma de partido, casi siempre a contrapelo de la de los editorialistas de su periódico, lo que convertía los artículos de Mendo en un oasis de incorrección política.
Tuve la inmensa fortuna de conocer a Carlos Mendo en la sede de Sogecable. Fue en los primeros meses del año pasado, cuando yo colaboraba en Las Mañanas de Cuatro, en el que él participaba en la tertulia política. Allí, en la sala de invitados, donde se espera a entrar en el plató, me acerqué a él y con el mismo nerviosismo que el chaval que le pide un autógrafo a un cantante o a un futbolista al que idolatra, crucé unas palabras con él. Le dije que tenía que escribir más, que era una gozada leerle, que cada uno de sus artículos era una lección… “Dile eso a los responsables de mi periódico, que no quieren que escriba demasiado”, me contestó con socarronería. Fue un placer conocerle y, sobre todo, leerle.

SIEMPRE LA GUARDIA CIVIL. Admiro profundamente a la Guardia Civil como institución y a muchos de sus agentes, entre los que cuento con buenos amigos. Creo que nuestro país no ha saldado aún la deuda que tiene con ese Cuerpo –como tampoco lo ha hecho con la Policía–. Desde hace décadas, muchos de sus hombres y mujeres han caído para que nosotros seamos un poco más libres. Fueron y son el objetivo preferido de los asesinos etarras y en el País Vasco ellos y sus familias han sido despreciados, insultados y vilipendiados, enterrados a escondidas y han sufrido un acoso insoportable para cualquiera que no esté hecho de la pasta de la que están hechos ellos. Por eso, me llaman tanto la atención las palabras de Alberto Moya, secretario general de la AUGC. Tras el asesinato de dos agentes de la Guardia Civil en Afganistán, dice que el Cuerpo tiene que retirarse de allí porque no está garantizada su seguridad. Menos mal que este Moya no mandaba en la Guardia Civil en los tiempos en que los agentes morían asesinados en dos en dos o sus casas cuarteles eran voladas de manera casi sistemática por toda España. Nadie garantizaba entonces la seguridad de la Guardia Civil y allí siguieron, en primera línea, combatiendo a los que querían acabar con nuestras libertades y con nuestro estado de derecho. Igual que siguen ahora, pero a miles de kilómetros, donde se crían y se forman los criminales que amenazan ya desde una década nuestro sistema. El capitán Galera y el alférez Bravo también murieron para que vosotros y yo siguiésemos disfrutando de nuestra libertad.

Muertes en la mafia de la prostitución de Lugo

La Guardia Civil investiga dos posibles muertes en torno a la mafia de los locales de alterne de Lugo. Según contamos estas semana en Interviú, los investigadores de la operación Carioca están comprobando si unos restos hallados en 2004 en Madrid corresponden a Ana, una mujer rumana que fue testigo protegido del principal implicado en la trama, el cabo primero de la Guardia Civil Armando Lorenzo. Además, la jueza del caso y los agentes del Instituto Armado cuentan con el testimonio de una ex prostituta, que ha relatado como José Manuel García Adán, dueño de dos de los locales de alterne clausurados en la operación, se deshizo del cuerpo de una mujer llamada Sandra en 2007. La joven, que trabajaba para García Adán en el club Queens, ha dicho que la chica murió de manera accidental, pero que su cadáver fue ocultado por el proxeneta y algunos de sus colaboradores habituales en las fuerzas de seguridad.
El sumario del caso, que seguimos revelando en Interviú, desvela cómo el cabo primero Armando Lorenzo y algunos de sus superiores mantuvieron a las red de proxenetas en una absoluta impunidad durante casi una década. E incluso, como contamos esta semana, cómo el brigada que dirigía el Equipo de Delitos contra las Personas participaba en las juergas sexuales organizadas por el cabo con las prostitutas brasileñas.