Interviú habló del refugio etarra de Venezuela en noviembre de 2007


“Los servicios antidroga españoles no están nada contentos con Chávez. Pero tampoco los grupos antiterroristas. Por un lado, organizaciones integristas islámicas violentas, como Hamás y Hezbollah, ya tienen oficina y simpatizantes en Venezuela (ver recuadro). Por otro, más estrictamente español, el asunto de los etarras que viven en Venezuela, muchos desde los años 80. “Lo que ha cambiado con Chávez es que los etarras antes eran empresarios privados que financiaban desde allá; ahora muchos están integrados en la estructura del régimen, y se han unido con otros procedentes de México desde que el Gobierno de allí empezó a colaborar con nosotros. Algunos cobran de gobiernos y municipios controlados por los chavistas, incluso. Y todos tienen ya pasaporte venezolano”, asegura un agente antiterrorista.
La cabeza visible de los etarras en Venezuela es Arturo Cubillas, acusado de tres asesinatos entre 1984 y 1985, cuando formaba parte del comando Oker. Cubillas se refugió allí en 1989 y abrió un restaurante al que llamó como su grupo asesino, en el que compartía pistolas con Idoia López Riaño, la Tigresa. En Venezuela, Cubillas se casó con Goizeder Odriozola, hija de exiliados vascos. En 2005, el Gobierno de Chávez lo nombró director de Bienes y Servicios del Ministerio de Agricultura. Su esposa pasó del mismo ministerio a convertirse en directora general del Despacho de la Presidencia, una especie de gabinete de Chávez. Atrás quedaban las extradiciones en 2002 de Sebastián Etxaniz –condenado por tres asesinatos– y Juan Víctor Galarza. El Gobierno de Chávez rectificó pronto y ofreció pagar 325.000 euros de indemnización, aunque luego anunció que no lo haría.
En Venezuela viven cómodamente, según informes antiterroristas españoles, Miguel Ángel Aldana, alias Askatu –acusado de dos asesinatos–, María Arana Altuna, Carmen Albizu Etxabe… Hasta unos cuarenta etarras. Algunos, los más afortunados, trabajan ya para ayuntamientos chavistas”.

Este texto forma parte de un reportaje escrito por Luis Rendueles y por mí en Interviú y publicado el 19 de noviembre de 2007. En él, detallábamos varias de las conexiones del régimen de Chávez con narcotraficantes y terroristas. Podéis comprobar cómo hablábamos de Cubillas y de las relaciones de los etarras con los círculos bolivarianos. Casi tres años después, el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco ha puesto en negro sobre blanco y con membrete de la Administración de Justicia las relaciones de etarras con narcoterroristas de las FARC y la cobertura que da a ambos grupos el caudillo bolivariano.
Recuerdo que la publicación de este reportaje coincidió con una visita a Venezuela de una delegación policial española de alto nivel para hablar de narcotráfico. España pretendía asumir en Venezuela lo que la DEA –expulsada de allí– hace en el resto del Cono Sur. Los comisarios españoles desplazados al país sudamericano tuvieron que aguantar cómo sus colegas les mostraban el texto de Interviú pidiéndoles explicaciones. No hubo mala intención. La fecha de publicación estuvo mal escogida, pero el reportaje, como vemos hoy, era certero. Hoy mismo, en El País, José María Irujo publica una muy buena historia sobre el balneario que los etarras tienen en Venezuela.

La amenaza del presidente vitalicio


La ola antinorteamericana que recorre España desde hace ya muchos años, corregida y aumentada con la nefasta presidencia de George W. Bush, había convertido a Hugo Chávez en un tipo que caía bien en nuestro país. Era capaz de enfrentarse al gigante yanqui y de reivindicar un pintoresco indigenismo frente al imperialismo del vecino del norte. Chávez había echado de su país a la DEA y hacía buenas migas –son socios en la OPEP– con la horma del zapato americano en Oriente, Mahmud Ahmadineyad, el presidente iraní que niega el Holocausto, niega el derecho a existir de Israel y tiene una extraña afición por enriquecer uranio. Eso era así hasta instantes antes de que el Rey de España le hiciese callar en la cumbre iberoamericana de Chile. A raíz del incidente, la verborrea del tipo que aspira a convertirse el próximo domingo en presidente vitalicio de Venezuela está empezando a escocer en España. Sus invectivas contra las empresas españolas y sus soflamas contra nuestro país han irritado hasta a los que no hace mucho corrían a hacerse fotos con él y con otros ilustres del indigenismo, definidos por Álvaro Vargas Llosa como los perfectos idiotas lationoamericanos.
Pero España, al fin y al cabo, está a miles de kilómetros de Venezuela y todo lo que puede perder son miles de millones de euros. Pero lo tiene Colombia, a quien Chávez también está dedicando ahora buena parte de sus insultantes soflamas. El veto del presidente Álvaro Uribe a la mediación de su homólogo venezolano con los terroristas de las FARC ha abierto la caja de los truenos. Venezuela tiene dos mil kilómetros de frontera con Colombia y en buena parte de ella se centran las actividades de las FARC, un grupo terrorista que mantiene a más de 600 personas secuestradas y que se financia con la cocaína que exporta a medio mundo. La guerra emprendida por Uribe contra el narcoterrorismo tiene ahora un nuevo escollo: su vecino venezolano. No es extraño que Uribe haya acusado a Chávez de querer incendiar la zona. Y el domingo, puede ser presidente vitalicio. Y al que se oponga, a tiros con él.

La Chávez Connection, en INTERVIÚ


El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sigue con sus bravatas, amenazando los intereses de las empresas españolas en su país, pero Venezuela es desde hace unos años –casi los mismos que el bolivariano está en el poder– el país más caliente de Sudamérica en relación al tráfico de cocaína. Interviú revela esta semana que los servicios antidroga españoles calculan que el 80 por ciento de la droga que tiene por destino Europa sale de las costas venezolanas. Además, los tripulantes de un barco interceptado con tres toneladas de cocaína manifestaron al juez que la droga fue cargada en su buque por naves de la armada venezolana; los narcos colombianos detenidos en España portan sistemáticamente pasaportes venezolanos; la DEA –el Gran Satán de Chávez– ha difundido informes que aseguran que el ejército venezolano colabora con el negocio del narcotráfico que sostiene económicamente a la guerrilla colombiana de las FARC; Chávez indultó a Walter del Nogal, un traficante detenido en Italia y condenado en Venezuela por asesinato… Para muchos –algunos de ellos ya han escrito a Interviú– todos son intoxicaciones interesadas que sólo tratan de criminalizar al gran caudillo bolivariano…
Pero Chávez no sólo irrita a los servicios antidroga. Los servicios antiterroristas también tienen mucho que echar en cara al presidente venezolano. Si bien es cierto que hay etarras en ese país desde los años ochenta, antes de la llegada de Chávez al poder, eran empresarios privados y ahora algunos están integrados en la administración venezolano. Alguno de ellos, incluso, como Arturo Cubillas, acusado de tres asesinatos en España, ha llegado a director de Bienes y Servicios del Ministerio de Agricultura. Su esposa, Goizeder Odriozola, es directora general del Despacho de la Presidencia, un órgano muy cercano a Chávez. Otros cuarenta activistas de ETA viven cómodamente bajo el manto protector del gobierno de Chávez, que incluso les da trabajo para aleccionar a los Círculos Bolivarianos, la guardia pretoriana del presidente, encargada de reventar las manifestaciones contra el todopoderoso caudillo. Toda la información, esta semana en Interviú.