La gigantesca figura de Juan José Cortés y los enanos políticos


He coincidido esta mañana en el plató de Espejo Público (Antena 3) con Juan José Cortés, el padre de Mariluz, la niña asesinada en Huelva por Santiago del Valle, que será juzgado próximamente. Juanjo siempre me ha parecido un tipo cabal, honesto y que sobrelleva el dolor de una tragedia como la que le ha golpeado con una entereza asombrosa. Hoy ha ido al plató de Antena 3 para contarle a Susana Griso que prefiere que no se juzgue a Santiago del Valle y ahorrar así una porción de dolor a su familia y un espectáculo mediático a todos. Prefiere que fiscal y defensa lleguen a un acuerdo y que, si en lugar de los 23 años que solicita el Ministerio Público para él, la condena se queda en 20 o en 18, él estaría de acuerdo.
Juanjo lleva más de dos años expuesto bajo los focos. Pero ha sabido manejarlos y ha demostrado que es posible luchar por una causa, su causa, sin convertir todo lo que hay alrededor de él y de su familia en un circo. En el asesinato de su hija quedan aún dudas razonables sobre, por ejemplo, la participación de la mujer de Santiago del Valle –que ha sido exculpada, pese a haber estado encarcelada–. El padre de la víctima jamás ha puesto en cuestión las decisiones judiciales, ni ha discutido el trabajo de la policía, que tardó varios meses en detener al único verdadero sospechoso del crimen y que sólo lo hizo cuando fue hallado el cuerpo de la pequeña.
Recuerdo que en los primeros meses de la instrucción del sumario por el asesinato de Mariluz, llamé a la abogada de la familia Cortés. Le pedí que, cuando se levantase el secreto de sumario, me dejase verlo. Me contestó con mucha educación que Juan José, su cliente, no permitiría eso bajo ningún concepto. No volví a intentarlo. Ni con ella ni con más abogados personados en la causa. Juanjo me dio una lección ese día. Hoy me ha dado otra.
Tan grande me parece la figura de Juan José Cortés que me da miedo que él y su lucha sean utilizados y manipulados por quienes habitualmente llenan de mierda todo lo que tocan: los políticos. Lo escribí aquí hace unos meses, cuando vi una foto del gigantesco Cortés acompañado de no de los enanos que pueblan nuestra política. Aclaro que igual de enano me hubiese parecido si la foto se hubiese hecho en Moncloa.

Utilizar a las víctimas


Me provoca cierta tristeza y muchas dudas ver a Juan José Cortés haciéndose fotos con políticos. Ayer, el padre de Mari Luz Cortés, la niña asesinada en Huelva por el pederasta reincidente Santiago del Valle, anunció que asesorará al Partido Popular en sus propuestas para reformar el Código Penal. Imagino la dirección de sus propuestas, que irán encaminadas todas a endurecer la actual legislación, algo que también yo pienso que es necesario en algunos delitos.
Tengo un inmenso respeto por Juan José Cortés y creo que su reacción ante una tragedia que sólo los que la han pasado son capaces de calibrar es ejemplar. Recuerdo aún este magnífico reportaje que hizo sobre él Luz Sánchez Mellado en El País Semanal y que le perfilaba como una figura humana gigantesca. Y por eso, precisamente, me asaltan las dudas cuando le veo fotografiarse con un político. No me gusta que las víctimas sean utilizadas. Ni por los medios de comunicación ni por los partidos políticos. Unos y otros fagocitan a velocidad de vértigo a quienes primero muestran como banderas. Las víctimas del terrorismo saben bien de lo que estoy hablando y las víctimas del 11-M, mucho más. Por eso me inquieta y me incomoda ver a Juan José Cortés en un sofá junto a Rajoy. Me inquietaría igual verle con Zapatero, con Rosa Díez o con Anglada
Cortés, como los padres de Sandra Palo o como tantos otros familiares de víctimas, mantienen una lucha legítima para que España deje de ser uno de peores países del mundo para ser víctima de un delito violento, pero esa lucha se diluye y se convierte en demagogia cuando a ella se adhieren los partidos políticos.