Adiós a una jefa de prensa excepcional

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Los periodistas tenemos que lidiar casi a diario con los gabinetes de prensa.También los que nos dedicamos a esto de los sucesos. Policía, Guardia Civil, Ministerio del Interior, policías municipales, Tráfico, Instituciones Penitenciarias… Todas las entidades con las que tratamos en nuestro trabajo cuentan con esos departamentos de prensa y comunicación, que forman un universo peculiar, tan peculiar como los organismos para los que trabajan. Me intentaré explicar.
Hay gabinetes de prensa formados por agentes o funcionarios del cuerpo que corresponda; policías en el de la policía, guardias en el de la Guardia Civil y así sucesivamente… En los gabinetes civiles hay funcionarios o periodistas que han accedido de una u otra forma a la plaza. Eso, en cuanto a su composición. Sus funciones, sobre el papel, están claras: difundir el trabajo que haga su cuerpo o institución y facilitar el trabajo de los periodistas, es decir, intermediar –por ejemplo– entre un reportero y el responsable de la unidad policial que ha hecho una brillante operación anti-drogas sobre la que el periodista quiere más información que la que ofrece la, por lo general, escueta nota de prensa.
Los jefes de prensa están obligados a mantener un muy difícil equilibrio entre la lealtad a la entidad a la que pertenecen y que les paga y los intereses de los periodistas. Eso lo sabemos todos los profesionales de la información, que conocemos bien la idiosincracia de estos departamentos y que convivimos con la mayoría de ellos respetándonos y colaborando… en la medida que se pueda. A veces, el varapalo es inevitable, la exclusiva revienta la rueda de prensa prevista para el día siguiente y se pone en evidencia que los intereses de unos y otros son difíciles de conciliar.
Como entre los periodistas o entre los policías o entre cualquier colectivo, hay jefes de prensa malos, regulares, buenos y unos pocos excepcionales. Excepcionales por su visión periodística aún estando al otro lado, por la agilidad con la que tramitan las peticiones de los medios, por la profesionalidad con la que mantienen el equilibrio entre la lealtad a su institución y la colaboración con los periodistas, por la habilidad para parar los golpes y por la deportividad para encajar los que son justos, por la capacidad de entresacar lo mejor del trabajo que hace su organismo y darlo a conocer, por su sentido de la justicia para no favorecer a uno o a otro medio al margen de su adscripción ideológica… Créanme. Hay muy pocos jefes de prensa así. Una de ellas llevaba dos décadas prestando unos magníficos servicios a la Administración –fuese del color que fuese– y a los periodistas con honestidad y profesionalidad. La han despedido. La Secretaría General para la que trabajaba es hoy un poco peor.

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Publicado por

manuelmarlasca

Reportero, jefe de Investigación de La Sexta. Copresentador de Más Vale Tarde (La Sexta), Territorio Negro (Onda Cero) y colaborador de Espejo Público (Antena 3). Lector y corredor.

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