Vuelta a la realidad


Una vez pasadas las celebraciones por el triunfo de nuestra selección de fútbol, desde el palacio de la Carrera de San Jerónimo se han encargado de recordarnos dónde estamos, en qué país vivimos y qué clase política tenemos. Si alguien tenía la esperanza de que el ejemplo de trabajo, humildad y unidad que han dado nuestra futbolistas iba a cundir entre los políticos, en los primeros minutos del debate de ayer imagino que se daría cuenta de que no era más que una ensoñación, atribuible, sin duda, al estado de euforia provocado por la consecución del Mundial de fútbol.
Ayer y hoy, en el Congreso, vimos una obra mil veces representada. Políticos enfangados en discusiones completamente inanes, preocupados exclusivamente por dar el mejor titular o por acertar con la más brillante descalificación al rival… Ni un rastro de trabajo en común, ni una pizca de políticas que dejen a un lado la rentabilidad inmediata y que sirvan, de verdad, para algo más que para minar al oponente o para ofrecer carnaza a la prensa afín. Y todo este espectáculo lo dan sobre quienes reside la soberanía del pueblo, de un pueblo castigado por una situación económica y social tremenda, a la cola de Europa en casi todo, pero especialmente en la estatura moral e intelectual de sus políticos.
Me queda una esperanza y una reflexión. He observado que ayer y hoy, las noticias más leídas en las ediciones digitales de los principales medios de comunicación nada tenían que ver con lo que estaba pasando en el Congreso. Los lectores buscaban noticias sobre la boda de Bardem y Pe, sobre la resaca mundialista o sobre la marcha de Paco González a la Cope. Y eso pese al despliegue que todos los medios hicieron con el Debate. Quizás vaya siendo hora de que los responsables de los medios se den cuenta de lo poco que le inetrersan al público debates como el de ayer. Y quizás va siendo hora de dejar a los políticos aislados en sus encendidos y absurdos debates, prestándoles la atención que merecen: ninguna.

Manolo Lama y Paco González, distintos fusilamientos


La torpeza –seguramente motivada por la inexperiencia a la hora de hacer una conexión en directo– y el mal gusto del periodista de Cuatro y de la cadena SER Manolo Lama ha provocado una tormenta en las últimas 24 horas, en las que hemos asistido a la ejecución pública del narrador estrella de la SER. Lama no tuvo mejor ocurrencia que emplear a un mendigo que estaba en las calles de Hamburgo para hacerle protagonista de una conexión en un tono que a todos nos sonó a mofa.
Fue, desde luego, desafortunado. El propio Lama se ha dado cuenta y hoy ha pedido disculpas en directo, en la web de Cuatro y allí donde le han querido oír. La jefa de programas de la cadena, Elena Sánchez, ha reiterado las disculpas a través de su cuenta en Twitter. No ha servido de mucho, porque el fusilamiento ha proseguido. Y esto ocurre en un país donde las cadenas de televisión llenan de bazofia las noches de los viernes con sus programas del corazón; donde la presentadora estrella de la mañana da lecciones de moralidad después de copiar una novela y publicarla; donde los mal llamados programas de sucesos se han convertido en contenedores de basura, capaces de llevar al plató a casi cualquiera; donde hay realitys en los que se puede ver a parejas retozando bajo los edredones o platós en los que cualquier macarra amenaza a unos y a otras con dar yoyas… Es decir, en un país donde el buen gusto, la seriedad y hasta la honestidad en la televisión brilla por su ausencia. Manolo Lama se equivocó, desde luego, pero aún estoy esperando disculpas de muchos otros que tendrán muchos más motivos que él para pedir perdón.

Como si de una broma del destino se tratara, el mismo día que Lama metió la pata hasta las trancas, Paco González era destituido fulminantemente como director de Carrusel Deportivo, después de diecinueve años al frente del programa. La razón de su cese está en el enfrentamiento que mantuvo con el director de la cadena, Daniel Anido. Las discrepancias entre el periodista y el directivo se saldaron como casi siempre en estos casos: con el cese del periodista. De poco sirve que González y su programa sean líderes y que alrededor de Paco –que ha dado explicaciones a través de Facebook– se aglutine uno de los mejores equipos de la radio española. Cuando un periodista llega a directivo –salvo honrosas excepciones– deja de ser periodista y se convierte en un gestor, en un director de recursos humanos venido a más. Paco, Carrusel Deportivo, la SER y sus oyentes ya han sufrido estas nuevas reglas del periodismo del siglo XXI, en el que, por ejemplo, llegan a los puestos más altos de los grandes periódicos tipos cuya obras completas caben en una servilleta.