Escalada de estupideces en torno a una cifra intolerable

Este año va a acabar con una altísima cifra de mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas: 71, quince más que en 2009. El número, escandaloso e intolerable para cualquier sociedad, no hace otra cosa que constatar el fracaso de todos en la lucha contra esta forma de violencia. Llevo muchos años observando el fenómeno, contando para diversos medios terribles historias –desde 1997, cuando José Parejo quemó viva a Ana Orantes– y confieso que no sé cuáles serían las medidas a aplicar, más allá de las evidentes, para tratar de poner freno a estos asesinatos. Creo que la educación es la parte más débil y a la que menos se atiende de todos los factores que componen esta negra realidad.
La escandalosa cifra de mujeres muertas ha provocado en los últimos días una cadena de reacciones, convertida ya en una carrera de estupideces. El fuego lo abrió el presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plá. El jerarca eclesiástico se despachó con la siguiente afirmación: “Los matrimonios canónicamente constituidos (católicos) son menos dados a la violencia doméstica que aquellos que son parejas de hecho, las parejas de personas que viven inestablemente y que es donde más se está generando la violencia contra la mujer.”

Ante semejante dislate, que desmiente cualquier estadística, el líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, no ha desaprovechado la ocasión para poder aparecer en la prensa y ha dicho la siguiente majadería respecto a los crímenes de mujeres: “Hay una responsabilidad clarísima de nuestra cultura y nuestra educación religiosa. Ya sabéis que el matrimonio religioso cuando da la bendición dice ‘hasta que la muerte os separe’. Sobran más comentarios”. Así que Lara concluye que la fórmula del sacramento del matrimonio lo que dice realmente no es que el matrimonio cristiano es indisoluble, sino que el hombre puede asesinar a su esposa.
Y para cerrar la escalada de tonterías en torno al tema, Miguel Lorente, delegado del Gobierno contra la Violencia de Género –y, por tanto, máximo responsable de las políticas destinadas a luchar contra estos crímenes–, también ha encontrado su culpable: los medios de comunicación. Lorente dijo: “ahora mismo en España hay quince o veinte hombres que están pensando en acabar con la vida de sus mujeres y estas personas pueden verse impulsadas a la acción a raíz de lo que otros han hecho”, aunque puntualizó que “se trata de una situación planificada, que se ve reforzada por el conocimiento de un hecho similar”. Es decir, que si alguien ha pensado en matar a su esposa, si no ve en la tele que otro fulano ha hecho lo propio con su señora, se va a quedar tranquilo y no va a pasar de esos malos pensamientos.
¿Se pueden decir más idioteces en torno a un drama como éste? Nadie, como tantas otras veces ocurre en España, es capaz de asumir su responsabilidad y ponerse a trabajar. Es mucho mejor desviar la atención con memeces como éstas.

Ricardo, otro asesino televisivo


Primero fue Ana Orantes, que fue asesinada en 1997 por José Parejo, su marido, después de denunciar los cuarenta años de malos tratos que llevaba sufriendo. Luego vino Pedro José Nueda, que fue detenido en 1999 por asesinar a su mujer, Mari Carmen Perelló, cinco años atrás, después de haber aparecido en el programa ¿Quién sabe dónde? pidiendo ayuda para encontrar a Mari Carmen, cuando ya la había matado y descuartizado. Fue arrestado tras volver a los platós, esta vez con su nueva novia, junto a la que acudió a Para toda la vida, un concurso para parejas comprometidas y en el que el premio era un viaje de ensueño. Los detalles de la vida y crímenes de estos dos asesinos mediáticos los podéis encontrar en nuestro primer libro, Así son, así matan. Ahora, años después, la historia se repite.
Ricardo, un alicantino de 30 años, ha vuelto a recorrer el camino que separa los platós de televisión del crimen. Ricardo fue uno de los invitados la semana pasada al programa de Antena 3 El diario de Patricia. Allí, ante las cámaras y la impasible conductora del programa, Ricardo le pidió perdón a su ya ex novia Sveltana, a la que rogó que volviese con él. La joven rusa se negó delante de toda la audiencia y firmó, sin saberlo, su sentencia de muerte. Unos días después de la emisión del programa, Ricardo degolló a Sveltana, madre de una niña de dos años, en la puerta de su casa.
elmundo.es ha colgado el vídeo de la entrevista a Ricardo y Sveltana. Prefiero no pararme a pensar en las tretas con las que la joven rusa fue convencida para acudir al plató donde se encontró con alguien a quien ya había decidido dejar de ver para siempre. No creo que no acudir al programa le hubiese salvado la vida, pero le habría ahorrado el último trago de tener que ver a Ricardo, que había sido condenado a once meses de prisión por maltratarla y contra quien no tuvo valor de declarar para ratificar la orden de alejamiento. Pero, naturalmente, el espectáculo debe continuar. Y no se trata de matar al mensajero. El único responsable de la muerte de Sveltana es Ricardo, su asesino.