Injustos daños colaterales


Javier López Madrid, un empresario de éxito, bien relacionado con la Casa Real, y la doctora Elisa Pinto libran desde hace más de cuatro años una guerra que primero fue soterrada y desde hace unos meses está sometida a la exposición pública. La entrada en escena del comisario Villarejo dio al caso una mayor dimensión y también sirvió para ajustar algunas cuentas. Pero esta guerra tiene unas víctimas colaterales de las que quiero hablarles.

Confieso, en primer lugar, que no he seguido el caso con todo detalle y que no conozco a ninguno de sus protagonistas directos, ni siquiera a sus abogados, fuentes habituales en estos casos para el periodista. Pero sí se lo puedo resumir para que se pongan en situación: la doctora Elisa Pinto denuncia que el empresario Javier López Madrid, directivo de OHL, la acosó, la amenazó e incluso que alguien la apuñaló en nombre de López Madrid para que tuviese la boca cerrada. Por su parte, el alto ejecutivo denunció que la dermatóloga le acosaba a él y a su familia. La figura de José Villarejo aparece en este caso unida a la de López Madrid: habría ido con él a ver a la doctora a su despacho, haciéndose pasar por su abogado, y sería el autor de una de las agresiones a Elisa Pinto. Recientemente, incluso fue reconocido por ella en una rueda celebrada en los juzgados de Plaza de Castilla.

Aún no hay una verdad judicial en este caso. Las versiones de unos y otros son opuestas, así que la Justicia ha intentado acercarse a la verdad con las herramientas que tiene a su alcance y la principal herramienta que posee es la policía judicial. Y aquí llegan las víctimas colaterales de la guerra López Madrid-Villarejo contra la doctora Pinto. Precisamente entre los que tiene como misión ayudar a acercarse a la verdad. Alberto Carba, inspector jefe y responsable de la Sección de Secuestros y Extorsiones de la Comisaría General de Policía Judicial, fue el encargado de analizar los detalles de la denuncia de la doctora para ver si era creíble o no. Él no escogió ese trabajo, no lo pidió, sino que siguió órdenes del comisario general de Policía Judicial, que le encargó un informe. Y su conclusión fue que la denuncia de Elisa Pinto no tenía visos de veracidad, tras analizar las diligencias instruidas por otros responsables policiales.

Alberto Carba no conocía a Javier López Madrid, ni a Villarejo, ni a la doctora Pinto. Hizo su trabajo, tal y como se lo solicitaron, y presentó sus conclusiones. Una conclusiones que, por cierto, eran bien distintas a las que sobre el mismo caso sacó el comisario Jaime Barrado, durante muchos años mentor y jefe de Carba, algo que imagino que no fue del agrado de Carba. Pero el inspector jefe actuó de manera profesional, como siempre ha hecho. Su nombre aparece ahora en letras de molde, relacionado con esta sucia y enrevesada guerra, pero pudo haber aparecido mucho antes. Lleva 17 años resolviendo secuestros y extorsiones. Su nombre, por ejemplo, pudo haber aparecido en negro sobre blanco cuando detuvo a los autores del secuestro de Andrea Lillo en un órdago que merecería ser contado algún día. O cuando puso fin al secuestro de Rafael Ávila, la última víctima del estafador de éxito metido a secuestrador Luis Miguel Rodríguez Pueyo. O cuando interrumpió su luna de miel para liberar a un español secuestrado en Colombia. La hoja de servicios de Alberto Carba es intachable y la forma que tiene de entender su trabajo es incompatible con todo lo que no sea rectitud y nada tiene que ver con las cloacas del Estado, tan en boca de todos en los últimos tiempos. Me permito un apunte personal en este punto: hace unos días, una persona de mi equipo llamó a Carba para recabar datos sobre secuestros virtuales –una lacra que él y los suyos han ayudado a reducir–. La respuesta, créanme, no es ningún secreto de estado, pero Carba remitió a mi redactora al gabinete de prensa, tal y como establecen las ordenanzas, con mi consiguiente cabreo.

La ecuación es simple para algunos: si Carba ha hecho un informe que no avala las acusaciones de la doctora Pinto, es que Carba actúa a las órdenes de Villarejo y López Madrid y es un sicario más de esas cloacas. Si se echa por tierra el trabajo de Carba, se está más cerca de acabar con Villarejo y López Madrid. Esta ecuación tiene una variable más, que repugna aún más. La Sección de Análisis de Conducta de la Policía también hizo un informe sobre las acusaciones de la doctora y también le restó credibilidad a las mismas. El informe está firmado por una psicóloga y policía, que además es la mujer de Alberto Carba. Si uno lee determinados periódicos llega a la conclusión de que, poco más o menos, el marido le dictó a su esposa el informe, y ella actuó como una marioneta firmando lo que le pusieron delante. La verdad es bien distinta, aunque fácil de comprobar: fue el inspector jefe Enrique Soto, responsable de la Sección de Análisis de la Conducta, quien encargó a la mujer de Carba el informe, en el que también participó otro inspector.

No sé qué pasó entre la doctora Pinto y Javier López Madrid ni cuál ha sido el papel de José Villarejo en todo esto. Sí sé bien que Alberto Carba es un buen policía, alguien a quien siempre ha guiado la vocación se servicio y la entrega a los demás y que ha permanecido al margen de las guerras civiles que han arrasado últimamente a la policía. Carba es un madero madero, tan madero como el comisario que sí dio credibilidad a la denuncia de la doctora Pinto.

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Publicado por

manuelmarlasca

Reportero, jefe de Investigación de La Sexta. Copresentador de Más Vale Tarde (La Sexta), Territorio Negro (Onda Cero) y colaborador de Espejo Público (Antena 3). Lector y corredor.

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