La segunda muerte de Jorge y Gabi

Jorge García y Gabino San Martín.

Jorge García y Gabino San Martín.

El 11 de diciembre de 2015, un comando talibán asesinó al policía Gabino San Martín y al subinspector Jorge García Tudela, dos agentes españoles encargados de custodiar la embajada de nuestro país en Kabul. Los terroristas afganos fueron los responsables directos de esos asesinatos, pero las declaraciones y la actitud del segundo jefe de la delegación, Oriol Solá, ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional atentan contra la memoria de los policías, sus familias y los supervivientes del atentado.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional abrió unas diligencias de investigación tras el atentado, en las que declararon los policías que sobrevivieron al ataque. Los siete agentes ofrecieron todo tipo de detalles sobre las doce horas de horror vividas en Kabul. Narraron cómo Gabino San Martín tomó la decisión de salir a buscar, junto a otro compañero, a Jorge García cuando éste no respondía a las llamadas. Contaron cómo cayó Gabi abatido por los talibanes y cómo le oían decir que se desangraba y pedir que le fuesen a buscar, ante la impotencia de todos ellos, que nada pudieron hacer por salvar su vida. El policía que finalmente le rescató contó cómo con una mano disparaba y con la otra arrastraba a su compañero, mortalmente herido. Este agente, entre lágrimas, le reveló a la fiscal las últimas palabras de Gabi antes de expirar: “Había que salir a buscar a Jorge”.

He tenido la oportunidad de ver los vídeos de todas las declaraciones de los policías en Fiscalía. En ellas hay, sobre todo, dolor al recordar a Jorge y a Gabi, pero también mucho compañerismo, solidaridad, honor, sentido del deber… También he visto la declaración ante el fiscal de Oriol Solá, el segundo jefe de la embajada, que en el momento de los hechos era el máximo responsable de la misión diplomática, porque el embajador, Emilio Pérez de Ágreda, estaba de vacaciones. El testimonio de Solá provoca, por encima de todo, vergüenza. Su desafección a la hora de hablar del atentado es sorprendente, igual que su actitud mientras contesta a la fiscal y que parece responder a “no sé qué hago aquí, dando explicaciones de esto”. Está incómodo teniendo que contestar a las preguntas sobre la muerte de dos policías que le protegían.

Pero más allá de su actitud, la declaración de Solá denota algo muy grave y que abre la posibilidad de que el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz –en quien recayó la denuncia presentada por la viuda de Jorge García y los siete policías supervivientes- pueda imputar al diplomático. Todos los policías le contaron a los fiscales que la mañana del atentado, en la embajada se recibió un correo procedente de la agregaduría de Defensa en la que se alertaba de un inminente atentado contra una embajada en Kabul. El propio agregado de Defensa se lo confirmó a los fiscales. Sin embargo, el correo electrónico nunca llegó a los responsables de seguridad de la misión, a los policías. Cuando una fiscal le preguntó a Oriol Solá por qué no puso esa advertencia en conocimiento de los agentes, el diplomático, sin rubor, dijo que de ese correo se enteró por la prensa y que revisó su correo cuando el subsecretario de Asuntos Exteriores le preguntó por él. “Efectivamente –dijo a la fiscal-, me lo enviaron, pero a las cuatro de la tarde y yo a esa hora no estoy en el despacho”.

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Oriol Solá.

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Con esa explicación, Oriol Solá da por zanjado el tema, pero si el diplomático hubiese puesto ese correo en conocimiento de los policías, Gemma y Estefanía hoy no serían las viudas de Jorge y Gabi y tres niños tendrían aún padres. En marzo, una alerta similar puso en marcha un operativo que duró 24 horas: los accesos a la embajada se blindaron y todo el personal permaneció un día entero en una safety room.

En la denuncia contra Solá y su jefe, Emilio Pérez de Ágreda, hay más acusaciones: en la embajada entraban todo tipo de vendedores y supuestos trabajadores afganos sin control –la sospecha de Pedraz y de los policías supervivientes es que los terroristas habían estado antes en la embajada-, el trato de Solá a los policías era despótico e incluía coacciones para acallar las quejas… Será la Justicia la que decida la responsabilidad penal de los diplomáticos. Yo, tras escuchar declaraciones de los policías ante las fiscales, tras hablar con algunos de ellos, tras conocer a Gemma –la viuda de Jorge García-, he visto una enorme dignidad en esos policías, sus familias y sus compañeros, la misma que le falta a Oriol Solá cuando contesta displicente a la fiscal que a las cuatro de la tarde no estaba en su despacho de la embajada española… en Kabul. Y la misma que le falta al embajador Emilio Pérez de Ágreda para retirar recientemente de un lugar preferente de la embajada española en Afganistán la placa que recuerda a Jorge García y a Gabino San Martín.

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