Estaré con Misha Glenny y Luis de la Corte en Getafe Negro


Lorenzo Silva y David Barba, los artífices de este certamen, han completado en la tercera edición de Getafe Negro un programa de grandísimo nivel. Por el festival de novela policiaca pasarán personajes tan interesantes como los escritores Antonio Muñoz Molina y Philip Kerr o los periodistas Eduardo Martín de Pozuelo, Jordi Bordás y Misha Glenny. Jordi y Eduardo son dos de los mejores reporteros que he conocido. Sus trabajos en La Vanguardia durante las dos últimas décadas han sido una obligada referencia para cualquiera de los que nos dedicamos al periodismo. A Misha Glenny le conocí gracias a la recomendación que me hizo Lorenzo Silva. Me habló de su libro, McMafia, y me dijo que era imprescindible para entender mejor las tramas del crimen organizado en todo el mundo. Como tantas otras veces, la recomendación de Lorenzo dio en el blanco. El libro de Glenny es fascinante, riguroso y destila buen periodismo.
La gentileza de sus organizadores ha hecho posible que participe por segundo año en Getafe Negro. El próximo jueves, 21 de octubre, estaré moderando la mesa redonda El crimen sin fronteras, en la que participarán Misha Glenny y Luis de la Corte, un profesor de psicología de la Universidad Autónoma que aborda desde la perspectiva científica fenómenos como el terrorismo o las mafias organizadas. Podéis descargar aquí el programa completo de Getafe Negro, que es un auténtico disfrute. Allí os espero.

“Éticamente intachable”


Espejo Público, el programa de Antena 3 en el que colaboro desde hace unos meses, ha emitido esta mañana una entrevista con Jesús Neira de Albert Castrillón, pocas horas antes de que el profesor fuese condenado a 1.800 euros de multa por conducir bajo los efectos del alcohol.
La entrevista no tiene desperdicio. Neira, lejos de mostrarse mínimamente arrepentido o apesadumbrado por haber sido sorprendido conduciendo con una tasa de alcoholemia que triplicaba la máxima establecida por la ley, ha aparecido como un tipo arrogante, rayano en la chulería, retando a su propia jefa, Esperanza Aguirre, a que le echase, “porque yo no voy a dimitir porque no he hecho nada malo”. Neira ha atribuido su incidente de tráfico a “un montaje” y se ha calificado como “éticamente intachable”.
Horas después de la sentencia, Neira ha dejado de ser cargo público, porque la presidenta de la Comunidad de Madrid –genio y figura– ha decidido cargarse el organismo que presidía Neira. Estará contento y recuperará su vida, como ha dicho en la entrevista, una vez fuera de la Administración. Una vida en la que confío que sean incompatibles el alcohol y la carretera, un comportamiento exigible no sólo para Neira, sino para cualquier ciudadano. Y, éticamente, que decida ser todo lo intachable que considere. Pero que antes aprenda a ser un ciudadano.

Reflexiones antes de empezar el año


Para mí, como para casi todo el mundo, al año comienza ahora, con el final de las vacaciones de verano. Los anuncios de coleccionables en la televisión y los folletos de ‘Vuelta al cole’ que me han buzoneado en los últimos días no dejan lugar a dudas. Antes de comenzar la temporada –en Interviú, en Antena 3, en Onda Cero, en Caracol Miami y en el colegio Liceo Europeo–, quiero compartir con vosotros unas cuentas reflexiones sobre noticias de las últimas semanas y esta imagen del atardecer en la playa de la Barrosa (Chiclana, Cádiz), tomada el último día de mi estancia allí.
WIKILEAKS Y EL PERIODISMO. Leo hoy este reportaje en El País acerca de Wikileaks, la web que ha difundido en la red miles de documentos confidenciales sobre las guerras en Irak y Afganistán. Lo he dicho aquí alguna vez y lo repito: Wikileaks no hace periodismo, se limita a publicar documentos sin contextualizarlo y sin criterio periodístico alguno. Es decir, la misma importancia le da a un papel sin ninguna trascendencia –una comunicación rutinaria–, que a un informe jugoso que a un documento que puede poner en peligro la vida de una persona.
Yo, como tantos otros reporteros, manejo muchas veces sumarios judiciales, diligencias policiales, informes de todo tipo. Antes de publicarlos, hacemos un trabajo periodístico: leemos con atención, desmenuzamos, seleccionamos lo importante, desechamos lo que pueda causar un daño o un perjuicio innecesario –y me refiero a aparentes nimiedades como números de teléfono, de DNI o direcciones particulares–, es decir, pasamos esos documentos por el tamiz del periodismo, algo que ni de lejos hace Wikileaks. Es cierto que hay veces que no hace ninguna falta: cuando la misma web publicó las imágenes de la matanza perpetrada desde unos helicópteros norteamericanos, aplaudí su difusión.
Sé que Wikileaks cuenta con el aplauso de muchas colegas, precisamente ahora, cuando en España se habla de la tan ansiada ley de transparencia informativa, pero soy de los escépticos en torno a fenómenos como éste, igual que lo soy respecto a cosas como el llamado periodismo ciudadano. El periodismo debe ser hecho por profesionales, por periodistas. Otra de la cosas que me hacen desconfiar de Wikileaks es su opacidad, que contrasta con la transparencia que exige a todos. Nada se sabe de su financiación y en cada uno de los países en los que opera lo hace bajo una apariencia jurídica distinta.
Sigo creyendo en el periodismo, en el buen periodismo, al margen del soporte en el que se desarrolle. Creo que los buenos reporteros sobrevivirán a Wikileaks, al periodismo ciudadano y hasta a los propietarios de los medios de comunicación.

EL DÍA QUE CONOCÍ A CARLOS MENDO. Buen periodismo era el que hacía Carlos Mendo, fallecido hace unas semanas. Empecé a seguirle cuando era corresponsal de El País en Reino Unido y Estados Unidos. En los últimos años, le escuchaba de vez en cuando en Hora 25 y esperaba casi con devoción que sus artículos apareciesen en las páginas de internacional de El País, un diario al que los textos de Mendo enriquecían de una manera muy especial. Sus artículos sobre las elecciones norteamericanas, sobre las guerras de Irak y Afganistán o sobre los recientes comicios en Reino Unido eran un dechado de conocimiento de la historia y las instituciones y una deliciosa y continua toma de partido, casi siempre a contrapelo de la de los editorialistas de su periódico, lo que convertía los artículos de Mendo en un oasis de incorrección política.
Tuve la inmensa fortuna de conocer a Carlos Mendo en la sede de Sogecable. Fue en los primeros meses del año pasado, cuando yo colaboraba en Las Mañanas de Cuatro, en el que él participaba en la tertulia política. Allí, en la sala de invitados, donde se espera a entrar en el plató, me acerqué a él y con el mismo nerviosismo que el chaval que le pide un autógrafo a un cantante o a un futbolista al que idolatra, crucé unas palabras con él. Le dije que tenía que escribir más, que era una gozada leerle, que cada uno de sus artículos era una lección… “Dile eso a los responsables de mi periódico, que no quieren que escriba demasiado”, me contestó con socarronería. Fue un placer conocerle y, sobre todo, leerle.

SIEMPRE LA GUARDIA CIVIL. Admiro profundamente a la Guardia Civil como institución y a muchos de sus agentes, entre los que cuento con buenos amigos. Creo que nuestro país no ha saldado aún la deuda que tiene con ese Cuerpo –como tampoco lo ha hecho con la Policía–. Desde hace décadas, muchos de sus hombres y mujeres han caído para que nosotros seamos un poco más libres. Fueron y son el objetivo preferido de los asesinos etarras y en el País Vasco ellos y sus familias han sido despreciados, insultados y vilipendiados, enterrados a escondidas y han sufrido un acoso insoportable para cualquiera que no esté hecho de la pasta de la que están hechos ellos. Por eso, me llaman tanto la atención las palabras de Alberto Moya, secretario general de la AUGC. Tras el asesinato de dos agentes de la Guardia Civil en Afganistán, dice que el Cuerpo tiene que retirarse de allí porque no está garantizada su seguridad. Menos mal que este Moya no mandaba en la Guardia Civil en los tiempos en que los agentes morían asesinados en dos en dos o sus casas cuarteles eran voladas de manera casi sistemática por toda España. Nadie garantizaba entonces la seguridad de la Guardia Civil y allí siguieron, en primera línea, combatiendo a los que querían acabar con nuestras libertades y con nuestro estado de derecho. Igual que siguen ahora, pero a miles de kilómetros, donde se crían y se forman los criminales que amenazan ya desde una década nuestro sistema. El capitán Galera y el alférez Bravo también murieron para que vosotros y yo siguiésemos disfrutando de nuestra libertad.

Reflexiones (no futbolísticas) antes de la final del Mundial de Sudáfrica


No he tenido mucho tiempo para dedicarle a este espacio en la última semana, así que vayan por delante mis disculpas para los que de vez en cuando pasan por aquí buscando un nuevo post. Como muchos de los aficionados al fútbol de mi edad, esta semana ha sido especial. Estoy bastante desenganchado del fútbol. Durante muchos años fui socio abonado del Real Madrid y cada domingo iba al Bernabéu. Dejé de ir hace ya unos años y esta temporada, Florentino Pérez y su irritante política deportiva han conseguido que me dé de baja como socio.
Disfruto más como espectador de otros deportes, especialmente del fútbol americano, pero no he podido ni he querido abstraerme de la pasión por la selección española de fútbol y su actuación en el Mundial de Sudáfrica. Mis primeros recuerdos de la selección datan del famoso botellazo a Juanito en Belgrado y del gol que Rubén Cano le metió a la selección yugoslava en ese mismo partido, que nos dio el pase al Mundial 78. Desde entonces hasta la pasada Eurocopa, todo han sido frustraciones y decepciones.
Ya no. Pase lo que pase el domingo, la selección ha conseguido cosas que van mucho más allá del fútbol. Lo inmediatamente visible es que ha dinamitado ese estado de tristeza y de depresión que arrastraba el país desde hace dos años. A todo el mundo –y así debe ser– parece habérsele olvidado la situación económica por la que estamos pasando, las cifras del paro, los expedientes de regulación de empleo, de la penosa clase política que nos gobierna y de la lamentable banda que hace oposición… Todo parece detenido, congelado, a la espera de que La Roja se traiga la copa del Mundo.
Trabajo en el centro de Madrid y estos días he mirado hacia arriba con satisfacción. Las ventanas, los balcones, las puertas de los negocios… Todo está poblado de banderas de España. La gente las cuelga o las enseña sin rubor, sin complejos, mientras que se hace cada día más popular el grito de “yo soy español, español, español…”. Me gusta que hayamos olvidado los tiempos en los que la bandera parecía pertenecer a la gente de extrema derecha, porque los de izquierdas se la habían dejado arrebatar, temerosos o acomplejados de lucir la enseña nacional. La bandera de España ahora ya, al fin, parece no ser patrimonio de nadie, salvo de los españoles. De todos.
En la semifinal contra Alemania, saltaron con la camiseta de la selección española un canario, un madrileño, un vasco, un andaluz, un castellano manchego, un asturiano y cinco catalanes. La clase política debía aprender de la selección cómo hacer grupo, cómo aunar voluntades y cómo pasar por encima de mamarrachadas nacionalistas o estupideces soberanistas.
Quedan dos días para que España sea campeona o subcampeona del mundo. Deseo con toda mi alma que España gane el Mundial, aunque tengo la certeza de que al día siguiente mi país será el mismo. ¿O no? Ojalá me equivoque y algo nos hayan enseñado nuestros jugadores.

Orgulloso de la portada de Interviú


No suelo hablar aquí de mi trabajo en Interviú, salvo para citar los reportajes que publicamos en la revista de la que soy reportero y adjunto al director –el orden, en este caso, es importante–. Pero esta es una semana muy especial para todos los que trabajamos en la revista. Hoy, por primera vez en 34 años, la portada de Interviú está dedicada a un hombre que ha posado para nuestra publicación. Coincidiendo con la Semana del Orgullo Gay, el presentador Jesús Vázquez ocupa nuestra portada y unas cuantas páginas de la revista, en las que representa diversos iconos cinematográficos.

Las fotos, que son espectaculares, están acompañadas de una entrevista que le ha hecho Mamen Mendizábal, y el dinero que Interviú ha pagado al presentador tiene como destino, según ha querido el propio Vázquez, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, lo que dice mucho de la clase de persona que es. Siempre estoy muy orgulloso de trabajar en esta revista, cargada de historia. Hoy, que hemos decidido darle un vuelco a la historia de la revista, también. Bajad al quiosco y comprad Interviú. Merece la pena.

Interviú adelanta los detalles de la ‘operación Carioca’


La operación Carioca lleva camino de convertirse en la mayor operación desarrollada nunca en España contra las redes de prostitución. La Unidad de Asuntos Internos de la Guardia Civil llevaba años investigando una trama centrada en Lugo y en la que participaban guardias civiles, policías nacionales, policías locales y hasta algún político, como el ex subdelegado del Gobiero en Lugo, Jesús Otero, que se vio obligado a dimitir tras verse salpicado por otro escándalo, el del sobreseimiento ilegal de multas.
Esta semana, en Interviú contamos con detalle las implicaciones de Otero en la trama. Relatamos cómo llamó a un policía para interesarse por una prostituta brasileña, novia de un concejal de Monterroso, en mayo de 2009, para tratar de retrasar su expulsión. También contamos cómo no dio curso a las denuncias que recibió en la Subdelegación que hablaban de los abusos del cabo primero Armando Lorenzo, el principal objetivo de la operación.
Esta mañana, he visto que la Cadena Ser publica en su web parte de nuestra información y con la elegancia que caracteriza a la emisora, no hace mención alguna a nuestra exclusiva. Todos los datos, en la revista Interviú de esta semana.

La herencia del Windsor, esta semana en Interviú


La herencia de la familia Reyzábal se va a dirimir en los juzgados. Varios de los hermanos, herederos de una fortuna levantada por el patriarca –Julián Reyzábal– con cines, discotecas y edificios tan singulares como el Windsor, han denunciado que uno de ellos, Julián, conocido como Juliancho, está siendo despatrimonializado por dos de sus empleados, los hermanos Youssef y Mohamed Ben Hammou, según contamos esta semana en Interviú.
Los dos hermanos han sido detenidos por la policía y están en prisión, acusados de un delito contra la hacienda pública, ya que no han rendido cuentas ante la Agencia Tribiutaria del espectacular incremento patrimonial que han tenido gracias a la generosidad de su jefe, Julián Reyzábal. La policía cifra entre 15 y 20 millones de euros el dinero que los dos hermanos, nacionalizados españoles, han recibido, mediante el cobro de talones, de Reyzábal. Mohamed y Youssef eran porteros en algunos de los locales regentados por su jefe y se habían convertido en las personas de máxima confianza de su jefe: escoltas, chóferes, assistentes. La familia sospecha que los hermanos se estaban aprovechando de Julián, un hombre soltero y solitario, y que la herencia estaba en peligro. Lo tenéis todo en el número de Interviú de esta semana.